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Edmundo Orellana

¡Qué diferencia!

Por Edmundo Orellana

-Estados Unidos nos ofrece una magnífica lección de cómo opera un estado de derecho. Para nosotros, lo que sucede con la presidencia de Trump es muy edificante, sin duda.

Llegó Trump a la presidencia con ideas raras. Muy distintas a las de sus antecesores. Más extremas que las de los Bush, quienes no dudaron en criticarlas abiertamente. Venció, sin embargo, a su partido, al partido opositor, a la prensa y al pueblo mismo, quien volcó en las urnas su repudio a su candidatura, favoreciendo a la candidata opositora, con más de tres millones de votos. Ahora su personalidad, su triunfo y las circunstancias que lo rodearon, son objeto de estudio desde diferentes perspectivas científicas.

Como candidato, era divertido. Como presidente, es peligroso. Para el mundo y para el mismo Estados Unidos. Esa su actitud belicista, de la que renegaba en su campaña y de la que ahora histriónicamente se ufana, está poniendo en peligro la paz mundial. En esto muy poco se diferencia del demente que dirige Corea del Norte.

Su enfermiza obsesión en contra de los migrantes, lo ha llevado a desafiar al sistema de justicia y a poner a prueba el federalismo. Las “ciudades santuario” resistirán, apoyadas por un sistema judicial que a él no le cabe en la cabeza que actúe en contra de sus caprichos.

Por eso, está decidido a avasallarlo. Despidió, al estilo del programa “The Apprentice”, a la fiscal que no atendió sus caprichos y al director del FBI porque lo investigaba por la sospechosa relación con Rusia. Con fiscales complacientes pretende “hacer lo que tiene que hacer”: someter la justicia federal a sus caprichos.

Se ha encontrado, sin embargo, con obstáculos imprevistos. La resistencia del Poder Judicial era previsible, porque su independencia permite fijarle límites a los disparates “trumpianos”. Lo inédito es lo que sucede con el FBI, cuyo subdirector está enfrentado al autoritarismo del presidente. No solo lo ha desmentido. También lo desafía, advirtiendo que seguirán con las investigaciones, que no informarán de las mismas a la Casa Blanca y que hará del conocimiento del Congreso cualquier interferencia de esta en la investigación.

Eso es lo que ha hecho grande a Estados Unidos. El funcionamiento efectivo de los dispositivos propios del estado de derecho.

La diferencia con nuestro sistema, es abismal. Aquí, el Presidente ha construido un sistema en el que todas las instituciones estatales actúan bajo su dependencia. Sería inconcebible que aquí suceda lo que allá (Trump debe pedirle asesoría, ciertamente). El TSE, sin competencia legal, decidió lo que, legalmente, solo el PAC debe decidir, con el propósito impúdico de debilitar la alianza, favoreciendo el inconstitucional proyecto continuista del Presidente. La primera instancia en el caso de Kevin Solórzano no termina ¿por qué? ¿Será para no interferir en las elecciones? Todo indicaba que el MP estaba decidido a colaborar con la MACCIH en la persecución de los corruptos, y, sorpresivamente, su titular es nombrado irregularmente en otras funciones.

A propósito, el Fiscal no puede ni debe ostentar dos nombramientos, a la vez. Eso sería como que el Presidente de la República, fuese nombrado Secretario General de la OEA, antes de terminar su período presidencial. Sería una aberración jurídica. Por eso, es imposible que suceda. Si su nombramiento fuese al momento de vacar en su cargo, nadie tendría argumentos para cuestionarlo, que, por otra parte, no debe verse como un refugio para la seguridad personal del Fiscal, sino como una posición a la que, por su capacidad profesional (que nadie debe poner en duda), puede, legítimamente, acceder. A nombramientos anticipados, irregularmente acordados, nos tiene acostumbrados el Congreso Nacional, por lo que el nombramiento del Fiscal se nos antoja normal, aunque vaya en contra de la legitimidad, la ética pública, el sentido común, y los principios medulares de la buena administración.

Nadie puede anticipar lo que sucederá con Trump, salvo que logre la pertinente asesoría. Lo que sí es seguro, es que no podrá contra el estado de derecho. En cambio, aquí todos sabemos que ninguna institución hondureña está en capacidad de fijar, con apego a la ley, los límites a los caprichos del Presidente. Y, por los vientos que soplan, ni el sistema interamericano, cuyo mecanismo en Honduras, en lugar de atacar a los corruptos, se encuentra a la defensiva, sorteando los misiles que le lanzan los corruptos desde las Honduras de la impunidad.

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